Citroën Argentina fue la marca más excéntrica y original del mercado nacional. Desde su fábrica en Barracas, Buenos Aires, produjo autos que no se parecían a nada: eran diferentes, ingeniosos y absolutamente únicos.

El Ami 8 era el sedán familiar de Citroën, un auto con un diseño que dividía opiniones pero que mecánicamente era una joya. Su motor bicilíndrico refrigerado por aire de 602cc era simple como un martillo y confiable como la salida del sol. La suspensión interconectada le daba un andar flotante que ningún otro auto podía replicar.

El 3CV fue la versión argentina del legendario Citroën 2CV. Simplificado y adaptado al mercado local, el 3CV era el auto más económico de fabricar, mantener y reparar. Con su techo de lona enrollable, su motor que consumía lo mismo que una moto y su capacidad de rodar por cualquier terreno, el 3CV era el auto perfecto para el argentino práctico. Los estudiantes, los artistas y los bohemios lo adoptaron como bandera.

Y luego estaba el Méhari: un vehículo playero con carrocería de plástico ABS sobre un chasis de 2CV. Liviano, descapotable, colorido y absolutamente impermeable a la corrosión, el Méhari era el auto de verano perfecto. En las playas de la costa atlántica, los Méhari se convirtieron en un ícono que definió toda una época.