Si cerrás los ojos y pensás en un auto argentino, probablemente veas un FIAT 600. El "Fitito", como lo bautizó el cariño popular, fue el auto que puso a la Argentina sobre ruedas. Literalmente.
Producido desde 1960 en la planta de FIAT Concord en Ferreyra, Córdoba, el 600 fue el primer auto accesible para la clase trabajadora argentina. Con su motor trasero de 633cc —luego aumentado a 767cc y finalmente a 843cc—, el Fitito no era rápido ni lujoso, pero era alegre, económico y prácticamente indestructible.
Más de 300.000 unidades se fabricaron en Argentina, y cada una tiene una historia. El 600 fue el auto en el que papá llevaba a toda la familia a la playa, con las valijas atadas en el techo y los chicos amontonados en el asiento trasero. Fue el auto del primer beso, del primer viaje largo, de la primera aventura mecánica en el garage de casa.
La simplicidad del Fitito era su mayor virtud: cualquiera podía aprender a repararlo. El motor se sacaba con cuatro bulones, las piezas eran baratas, y los manuales de mecánica del 600 se vendían en los kioscos. Toda una generación de mecánicos argentinos aprendió el oficio desarmando y armando Fititos.
El legado del FIAT 600 es inconmensurable. No fue solo un auto: fue el vehículo de la movilidad social argentina, la herramienta que permitió a la clase media salir de la ciudad, conocer el país y soñar con un futuro mejor. Por eso, cuando hoy vemos un Fitito restaurado en un encuentro de clásicos, se nos llena el corazón.