Si existiera un auto que pudiera llamarse "el auto argentino por excelencia", ese sería el Ford Falcon. Producido ininterrumpidamente desde 1962 hasta 1991 en la planta de General Pacheco, el Falcon fue mucho más que un automóvil: fue un compañero de vida para millones de argentinos.

Con su motor de 6 cilindros en línea —188 pulgadas cúbicas primero, luego 221— el Falcon ofrecía una combinación imbatible de potencia, economía y facilidad de mantenimiento. Cualquier mecánico de barrio podía repararlo, los repuestos eran abundantes y baratos, y el motor parecía diseñado para durar eternamente. No era raro encontrar Falcon con 500.000 kilómetros y el motor original.

El Falcon fue taxi en Buenos Aires durante décadas. Fue patrullero de la Policía Federal. Fue el auto con el que generaciones de argentinos aprendieron a manejar. Fue el primer auto propio de la clase media, y también el último que muchos vendieron antes de jubilarse. En el Turismo Carretera, el Falcon peleó de igual a igual con el Torino y la Chevy, y sus triunfos son materia de leyenda.

Con casi 500.000 unidades fabricadas a lo largo de tres décadas, el Ford Falcon argentino superó en longevidad a cualquier otro modelo nacional. Las versiones fueron evolucionando desde el austero modelo 1962 hasta el moderno Falcon de los 80, pero la esencia siempre fue la misma: un auto honesto, resistente y confiable que nunca te dejaba a pie.

Hoy, los Falcon circulan por las calles argentinas como fantasmas gloriosos de una era irrepetible. Cada vez que uno arranca, el sonido grave de su motor de seis cilindros es un recordatorio de lo que fue la industria automotriz nacional.