Antes de que el Torino existiera, IKA ya había conquistado la Argentina con sus Jeep. Producidos bajo licencia de Willys-Overland desde 1956, los Jeep IKA se convirtieron en sinónimo de resistencia y versatilidad en un país donde los caminos de tierra eran la norma.

El IKA Jeep CJ-5, versión del legendario Willys militar, fue el todoterreno por excelencia del campo argentino. Con su motor Continental de 4 cilindros y su caja de transferencia de dos velocidades, podía atravesar barro, arena, arroyos y terrenos que ningún auto convencional osaba pisar. Los estancieros, los petroleros de la Patagonia y las Fuerzas Armadas lo adoptaron como herramienta indispensable.

El Gladiator fue la evolución natural: un pick-up de mayor porte y capacidad, con motor de 6 cilindros "Tornado" y una cabina más confortable. Capaz de cargar más de una tonelada y remolcar lo que hiciera falta, el Gladiator era el socio ideal del productor agropecuario. La versión Baqueano, con caja cerrada tipo furgón, servía tanto para reparto como para transporte de pasajeros en zonas rurales.

No hay que olvidar la IKA Estanciera, la rural que combinaba la mecánica del Jeep con una carrocería cerrada tipo station wagon. Para las familias del interior, la Estanciera era el vehículo que lo hacía todo: llevaba a los chicos al colegio, transportaba mercadería y los domingos se convertía en el auto de paseo.

Estos vehículos forjaron una cultura mecánica en la Argentina rural que perdura hasta hoy. En muchos pueblos del interior, todavía se ven Jeep IKA en funcionamiento diario, con medio millón de kilómetros encima y el motor original que se niega a dejar de funcionar.