El 22 de octubre de 1969, cuatro IKA Torino 380W partieron desde la grilla de las 84 Horas de Nürburgring, el circuito más difícil y peligroso del mundo. Nadie en Europa esperaba mucho de esos autos desconocidos que venían de un país sudamericano. Lo que siguió fue una de las gestas deportivas más extraordinarias de la historia del automovilismo argentino.
Los cuatro Torino habían sido preparados en la planta de Santa Isabel bajo la supervisión de Oreste Berta, el genio mecánico cordobés que ya era leyenda en el Turismo Carretera. Los motores "Tornado" fueron llevados al límite de su potencial: más de 200 caballos de fuerza para un auto que pesaba poco más de una tonelada. Los equipos de pilotos incluían figuras del TC como Eduardo Copello, Alberto Rodríguez Larreta, Oscar Mauricio Bon y Gastón Perkins.
La carrera fue brutal. Tres días y medio de competencia ininterrumpida por el legendario Nordschleife, con sus más de 170 curvas y 22 kilómetros de longitud. Los Torino resistieron como ningún europeo esperaba. Mientras autos de fábricas consagradas abandonaban por roturas mecánicas, los argentinos seguían girando, vuelta tras vuelta, con la obstinación de quien tiene algo que demostrar.
El resultado final fue extraordinario: el Torino N°3, piloteado por Larry, Cupeiro y Marincovich, terminó en una posición privilegiada que le valió el reconocimiento de la prensa europea. Los otros Torino también completaron la carrera, demostrando la confiabilidad del diseño y la preparación argentina. La delegación volvió a Buenos Aires como héroes nacionales, recibidos por multitudes en Ezeiza.
La hazaña de Nürburgring '69 cimentó para siempre el mito del Torino. No era solo un auto argentino: era un auto capaz de correr contra los mejores del mundo y no bajar la cabeza. Ese espíritu sigue vivo cada vez que un Torinista arranca su motor y escucha el rugido del Tornado.