La saga del Torino abarca más de una docena de versiones que se produjeron entre 1966 y 1981, cada una con su personalidad y sus fanáticos. Conocerlas es recorrer la evolución de la industria automotriz argentina en sus años dorados.
El Torino 300 fue el modelo de entrada: un sedán de cuatro puertas con motor de 3 litros y caja de cuatro marchas. Austero pero sólido, fue el auto que democratizó la marca y puso al Torino al alcance de la clase media alta. Le siguió el Torino 300S, con mejor equipamiento y terminaciones. Pero fue el Torino 380, con su motor potenciado a 152 CV, el que encendió la pasión de los entusiastas.
La versión de competición, el 380W, fue la que corrió en Nürburgring y dominó el Turismo Carretera. Con su motor llevado a más de 200 CV y preparaciones especiales de Oreste Berta, el 380W era una máquina de guerra sobre cuatro ruedas. Solo se fabricaron unas pocas unidades para homologación, y hoy son las piezas más buscadas por los coleccionistas.
Pero si hay una versión que captura el corazón de todos, es el Torino Coupé TS. Presentado en 1970, con su techo fastback, sus líneas afiladas y un interior refinado, el TS era el auto más deseado de la Argentina. La versión TSX, con mejoras mecánicas y estéticas, llegó más tarde como evolución natural. Estos coupés son hoy los Torino más cotizados en el mercado de clásicos.
Con la llegada de Renault, aparecieron las últimas versiones: el Torino GR y el Torino Lutteral Comahue, este último con una carrocería rediseñada por Lutteral que dividió opiniones. Para algunos era una modernización necesaria; para otros, una traición al diseño original de Pininfarina. Lo cierto es que fue el último capítulo de una saga irrepetible.